Mesa para 28, por favor. ¡¿28?! Y de pronto, caras consternadas de los meseros, estrés de los gerentes al ver un torbellino de niñ@s a punto de romper la paz de su restaurante. Así llegábamos, el orgulloso grupo de papás e hijos que seguimos conservando una gran amistad desde que nuestros hijos estaban en la guardería… hoy tienen 7 años.

¿Y saben qué? Es espectacular. Sólo se necesitan dos ingredientes fundamentales: un o una organizadora (de esas personas que son facilitadoras, que buscan unir y crear… nosotros tenememos una que es wooow!); y en segundo lugar, las ganas y el compromiso de todos porque las cosas sucedan y de fomentar en nuestr@s hij@s lo valioso que es pertenecer a un grupo, aprender a convivir, a quererse, a negociar, a compartir… a divertirse. Porque por supuesto, todos somos diferentes, y cada quién tiene su visión ideal de un tiempo libre, pero en este viaje, todos buscamos el justo balance.

¿Que el hotel parece Oaxtepec en Semana Santa?, ¡no importa!; ¿que el restaurante se tarda horas en servirte porque a los meseres se les confundieron las órdenes y en la cocina se hicieron un caos?, ¡no importa!; ¿que se cayó otro niño y ya llevamos 5 raspados y con moretones?, ¡así es esto!… y es que, todo es cuestión de actitud.

Les recomiendo totalmente estos viajes comunales. No se pierdan la oportunidad. Tal vez muchos de ustedes tengan esa chispa inicial para organizar lo que será una memoria extraordinaria para sus hij@s… y para ustedes.

¡Amo a mi familia Baby Bee!