Estoy nostálgica. Supongo que es un sentimiento común en las mamás durante algunos cumpleaños de los hijos. Mi gremlin acaba de cumplir años, y al verla y comparar algunas fotos de cuando era pequeña, comencé a llorar… ¡ash, ya sé!, ¡cuánta cursilería! Pero qué quieren, es mi punto débil.

Ya es una “niña grande” de 8 años, está en una edad en la que reflexiona de todo, cuestiona más y busca afanosamente entender el mundo y sus códigos, a veces muy confusos. Y aunque pone carita seria y pregunta sobre por qué existen los pobres o le preocupa lo que le pueda pasar a la gente durante un huracán, también sigue creyendo en la magia.

Su regalo más preciado fue un libro de “hechizos” que compramos en Estados Unidos, así que estaba en inglés, pero a ella le emocionaba mucho tenerlo. Lo tomó en sus manos, y empezó a leer sin entender nada, levantando la vista de vez en cuando… concentrada. Unos minutos después, empezó a saltar feliz diciendo que el hechizo había funcionado, ¿qué era?, sólo una coincidencia, pero su cara se iluminaba pensando aquéllas cosas sobrenaturales que era capaz de hacer con su libro de hechizos.

Y yo quiero atrapar esos momentos, en verdad quiero que sigan en mi memoria por muchos años… o al menos trataré de fijarlos en este espacio.