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“Mamá, ¡me hice un spa!”… me contaba orgullosa y sonriente mi gremlin de 9 años. “¿Y cómo lo hiciste?”, fue mi obvia pregunta. “Me puse crema en toda la cara, pero mucha, para que fuera como mascarilla. Me puse mi bata de Kitty, y me senté a relajarme. ¡Ah!, y también me puse un curita para ver si podía quitarme el bigote y ¡no funcionó mamá!”. Después de semejante declaración, nos dio un ataque de risa y por supuesto decidí que quería llevarla a un spa real. Estuve buscando opciones que no fueran sólo para niñas, pues mi intención era…

Y así, en un instante, después de varios fines de semana, logró el equilibrio y vimos en su carita la alegría de haber conseguido lo que le parecía imposible. Mamá, ¡lo logré!, me dijo absolutamente orgullosa. ¿Qué logró? Andar en bicicleta… una actividad común, sí, pero que tiene detrás aprendizajes invaluables para nuestros hijos: perseverancia, tolerancia a la frustración, equilibrio, determinación para lograr un objetivo. Yo y Erick, por supuesto, con la mirada fija en nuestra pequeña gremlin de casi tercer año de primaria, estábamos felices de ver que había conseguido una estrellita más para su costalito personal de logros.…

Erick y mi gremlin. Mi gremlin y Erick. Son una unidad felizmente indivisible. La mirada de admiración y amor que tiene mi hija para su papá todos los días; y el abrazo y protección que tiene Erick con ella, son simplemente mágicos. Ese amor es parte de la adrenalina que los hace sentir que dominan al mundo y que yo me siento absolutamente afortunada de poder disfrutar. Meses antes de que mi gremlin naciera, Erick se mandó hacer una playera que decía “First time dad”, era un papá feliz, nervioso y emocionado. Y cuando nació, ¡pum! sus miradas se cruzaron…

Estoy nostálgica. Supongo que es un sentimiento común en las mamás durante algunos cumpleaños de los hijos. Mi gremlin acaba de cumplir años, y al verla y comparar algunas fotos de cuando era pequeña, comencé a llorar… ¡ash, ya sé!, ¡cuánta cursilería! Pero qué quieren, es mi punto débil. Ya es una “niña grande” de 8 años, está en una edad en la que reflexiona de todo, cuestiona más y busca afanosamente entender el mundo y sus códigos, a veces muy confusos. Y aunque pone carita seria y pregunta sobre por qué existen los pobres o le preocupa lo que le pueda…

Estamos de estreno. Hoy comenzó el nuevo ciclo escolar y mi gremlin no podría estar más feliz. Y ese hecho tan sencillo me alegra y facilita la vida enormemente. Podría ser lo contario, como en el caso de muchos niños que se resisten a que terminen las vacaciones… llantos, pucheros, peleas al despertar por cinco minutos más. Así que soy una madre tranquila que no está al borde de un ataque de nervios y que les compartirá algunos tips que creo que podrían ayudar, si es que su caso este año no fue tan feliz: Seguramente sus horarios están desfasados.…