“Mamá, ¡me hice un spa!”… me contaba orgullosa y sonriente mi gremlin de 9 años. “¿Y cómo lo hiciste?”, fue mi obvia pregunta. “Me puse crema en toda la cara, pero mucha, para que fuera como mascarilla. Me puse mi bata de Kitty, y me senté a relajarme. ¡Ah!, y también me puse un curita para ver si podía quitarme el bigote y ¡no funcionó mamá!”. Después de semejante declaración, nos dio un ataque de risa y por supuesto decidí que quería llevarla a un spa real.

Estuve buscando opciones que no fueran sólo para niñas, pues mi intención era vivir la experiencia juntas. En esa búsqueda, leí un artículo que mencionaba al St Regis y pensé: ¡pfff!, seguro va a ser súper caro, pero qué demonios… ¡es m’hija, pos qué caray!”. Así que con ese impulso de mis genes pueblerinos, nos fuimos al Rémede Spa del hotel St Regis a pasar una tarde, sólo ella y yo.

¿Se los recomendaría?… sí, y no. Sí porque vivir una experiencia así con tu pequeña es increíble, ver su cara de sorpresa ante todo lo nuevo y su incertidumbre sobre lo que venía, en verdad te hace la vida feliz y no te importa cuánto hayas invertido. Es un momento único, sólo para ustedes. Ahora bien, ahí viene el pero. Si bien el St Regis es hermoso y son muy amables al permitir que la experiencia sea mamá e hija… la verdad es que no están preparados para ello. Adaptan un tratamiento para adultos, y no necesariamente es el ideal para una niña. No está mal, pero definitivamente podría estar mejor si lo incorporaran dentro de sus opciones fijas pensado especialmente para este efecto.

Cuando el masaje terminó, mi gremlin se levantó y me vio con carita de, ok, va bien, y me dijo: “¿qué sigue mamá?”. ¡Casi me da un microinfarto! Yo pagando mil ocho mil pesos por ese masaje y ella esperando más… ay, ay, ay, ay, ay. Así que la abracé y le pregunté, ¿qué te imaginabas? “Pues, me imaginaba que nos iban a poner una mascarilla, pepinos en los ojos, pintarnos las uñas y darnos un masajito de pies”.

Pues sí, mi hija se imaginaba una experiencia como en las caricaturas, pero al lado de su madre, y con un vasito de jugo junto a su cama. Sin duda, me habría resultado más barato… pero, ¿saben qué?, lo volvería a hacer. Más allá de sus expectativas o las mías, fue una tarde juntas, solamente ella y yo, viviendo una experiencia nueva y con todo el inmenso amor que nos tenemos.