Tener una hija ha sido el mejor regalo que la vida me pudo haber dado. Ha llenado mi corazón de amor y además, me ha convertido en la mejor mamá que creo poder ser para ella. He aprendido a reírme de las cosas más sencillas pero sobre todo, me ha dejado rescatar a la niña que perdí con el paso de los años. Me encantaría que cuando aprenda a leer, esta carta la lleve siempre, que no se le olviden estas charlas nocturnas antes de dormir. Son consejos que la experiencia me ha dado y que me han permitido vivir mi vida de forma intensa y que ahora, a su corta edad, los platicamos y a veces, hasta los discutimos. Ella me ha enseñado más que cualquier curso de coaching empresarial o motivacional, me ha llevado a experimentar de otra forma mi pasión por el running y me ha hecho entender que la vida es más sencilla de lo que uno cree. Aquí se los comparto.

  • Estar orgullosas de ser mujeres. Nunca debemos olvidar que somos más fuertes de lo que creemos, que valemos por lo que pensamos y que la belleza externa viene de la interna.
  • Nunca nadie debe gritarnos, maltratarnos, insultarnos, manipularnos. Nadie, aunque sea un familiar cercano, amigo, maestro o desconocido tiene el derecho a abusar de ninguna manera de nosotros.
  • Siempre debemos llevar ilusiones en el corazón. Nunca debemos dejar que el ajetreo cotidiano nos marchite o desparezca las ilusiones. La vida nos ofrece muchas oportunidades y debemos aprovecharlas todas, sin excepción.
  • Confiar en nuestra intuición. No hay mejor consejero para una mujer que su sexto sentido. Cuando queramos tomar una decisión importante, hacerle caso; nos ahorramos muchos problemas.
  • Vivir nuestra propia vida. Hacer lo que nos gusta por el hecho de disfrutarlo, sin importar si lo hacemos mejor o peor que los demás. Nunca vivir la vida del otro aunque lo queramos mucho, ni tampoco entrometernos ni envidiarlos. Procurar que nuestra vida siempre sea tan interesante para nosotros que no tengamos tiempo para ello.
  • Aprender a reconocer y admirar a los demás. Esto le da calma al corazón, si siempre queremos ser o tener más que los otros, quitaremos días a nuestra vida, el estrés nos alcanzará y nunca dejaremos que la luz llegue a nosotros.
  • No creer toda la información que nos llega. Siempre cuestionar, hay mentiras que se han mantenido por mucho tiempo que terminaron siendo verdades y le hicieron daño a la humanidad.
  • Reconocer nuestras cualidades y trabajar en las debilidades. No somos ni mejor ni peor, somos humanos como todos y ninguno es perfecto aunque muchos así lo crean. Pero nunca esconder las virtudes, que no nos invada la pena ni la culpa.
  • Ayudar al otro y cuidar a los animales. La vida siempre nos va a dar la oportunidad de hacerlo, nos sentimos bien y el otro se sentirá mejor. Los animales son los mejores amigos y compañeros, no lo olvidemos.
  • Estudiar pero no ser la más aplicada del salón. Aprender para luego enseñar a los demás, no estudiar para alimentar el ego. Siempre tener la capacidad de asombro y tener convicciones que provengan del conocimiento propio.
  • Si caemos, hay que levantarnos. No debemos engancharnos ni perder el tiempo en trivialidades, hacerlo nos dejará cansadas y sin fuerzas para ir por lo que queremos.
  • Que el dinero ni las apariencias muevan nuestra vida, vamos por experiencias. Eso nunca ha servido para algo bueno, no llenes vacíos emocionales con él, te dará más problemas. Ya vimos que al final, la gente cuando se va de este mundo no se lleva nada. El dinero aparecerá si tenemos pasión por lo que hacemos y para cuando llegue, no importará mucho, ya habrás aprendido la lección.
  • Siempre cuidar a los verdaderos amigos. Nada es tan enriquecedor que una plática con ellos y saber que siempre están contigo.
  • Nunca hablar mal de otras mujeres. Con esto evitamos el machismo, mejor apoyemos a las que necesitan algo de nosotros y aprendamos de todas.
  • Reconocer a los hombres que nos respetan. No abusar de ellos, al contrario, siempre ser un apoyo en sus vidas.