Estábamos sentados hablando con la terapeuta de mi gremlin cuando, unos minutos después, se deslizó una hojita por debajo de la puerta. Mi pequeña se había quedado a esperar afuera mientras hacíamos la revisión periódica de avances y decidió que era un buen momento para transmitirnos un mensaje importante:

“Mamá y papá.
Los quiero mucho. Y mi escuela me encanta mucho y no los abandonaré nunca, y los amo mucho y estaré en su corazón siempre, y seré valiente y los cuidaré siempre, y sé que me quieren también y les haré caso siempre.”

Y luego del “¡ay, la amo!”,  en un primer momento pensé: “mmm, todavía no nos sale el ´te quiero´, tenemos que practicarlo más. Tiene muchas faltas de ortografía”. ¡Ya sé, ya sé!, no me maten, por favor, que no es falta de cariño… la quiero con el alma, como diría la canción. Simplemente, se activó el inconsciente y poco analítico modo automático de mí misma. Luego salimos y seguí pensando en esta hojita, en lo que hay detrás de sus palabras, en lo importantes que somos para ella y cómo quiere protegernos y hacernos saber que todo está bien, que ella está bien, y que no deberíamos preocuparnos tanto. Y eso por supuesto requiere mucha más inteligencia, sensibilidad y razocinio que escribir con la mejor ortografía. Y, ¿saben qué?, me siento absolutamente orgullosa de mi gremlin, y quiero que ella sepa SIEMPRE que es perfecta como es, que la admiro mucho y que estoy segura que seguirá en este mundo abriendo brecha y mirando más allá de lo común. Y, sí, seguramente equivocándose de vez en vez, pero eso será también parte de lo que la ayude a ser mejor.

Estamos rodeados de cosas extraordinarias que, a veces, nuestros lentes de cotidianeidad nos impiden ver. Detente un momento, piénsalo otra vez, ¿ya te diste cuenta de lo que hay detrás?