Y así, en un instante, después de varios fines de semana, logró el equilibrio y vimos en su carita la alegría de haber conseguido lo que le parecía imposible. Mamá, ¡lo logré!, me dijo absolutamente orgullosa. ¿Qué logró? Andar en bicicleta… una actividad común, sí, pero que tiene detrás aprendizajes invaluables para nuestros hijos: perseverancia, tolerancia a la frustración, equilibrio, determinación para lograr un objetivo.

Yo y Erick, por supuesto, con la mirada fija en nuestra pequeña gremlin de casi tercer año de primaria, estábamos felices de ver que había conseguido una estrellita más para su costalito personal de logros. Ese que te ayuda a sentirte seguro y a saber que puedes lograr lo que sea… a seguir soñando. ¿Ven por qué fue más allá de aprender a andar en bicicleta?

Por cierto, para los papás y niños que estén empezando a aprender a andar en bici y que viven en la Ciudad de  México, les recomiendo muchísimo la Bici Escuela que ponen en Reforma durante el Ciclotón, cerca de la Diana Cazadora. Los chavos son muy buenos para enseñar y, si ustedes son constantes en ir cada fin de semana, será una estrellita más para su costal.

bici escuela

Pero no fue sólo eso, en este mismo fin de semana (que alguien me agarre, porque vuelo y no regreso!), también terminó de leer su primer libro de más de 200 páginas. Encontró una lectura que la atrapó, le quitó lo desafiante a ver muchas letras y hojas juntas, en un libro que muy inteligentemente mezcla dibujos, tipo cómic, con una historia cercana: “El diario de Nikki”. Por primera vez la veo más tiempo leyendo que jugando en el iPad. Y no es que el segundo sea una actividad que no me guste, nada de eso, hemos encontrado muchas cosas ahí que nos hacen felices a todos y de las que sin duda aprendemos, pero cuando pierdes diversidad de actividades, también pierdes oportunidades de conocer cosas nuevas.

diarionikki

Así que este fin de semana escuché dos veces: mamá, ¡lo logré!