Quiero escribirlo para no olvidar. Frozen, en general, fue sólo una película más de Disney, pero en mi caso, significó mucho más que eso.

Los papás solemos quejarnos de la cantidad de películas de caricaturas que debemos ver cuando tenemos hijos pequeños, pero pocas veces dedicamos tiempo a reflexionar el impacto que pudo tener en la mente de un niño. Mi hija ha sido, por mucho tiempo, una niña tímida e introvertida, no le gustaba mucho hablar y prefería los espacios de juego sola. Y puede ser simplemente un rasgo de personalidad, pero en su caso, había algo adicional detrás que nos ha llevado a estar en terapia por varios años.

Y les cuento este antecedente para que comprendan por qué Frozen significa tanto para mí. Después de que vimos la película, mi pequeña gremlin quedó encantada con las canciones, y empezó a escucharlas una y otra vez hasta que las aprendió. En ese lapso, nos fuimos de viaje a San Francisco (ese viaje del que ya les platiqué en un post anterior). Pues bien, fue en las calles de esta ciudad que mi pequeña empezó a cantar, así, sin previo aviso, sin pena alguna, con la voz en alto y feliz de llamar la atención de la gente mientras ella cantaba con todo su corazón: “libre soy, libre soy, no puedo ocultarlo más. Libre soy, libre soy, libertad sin vuelta atrás”. Pueden imaginar lo que esto significó para ella? Después de no poder hablar en voz alta, de temer acercarse a alguien para pedir algo y de sentirse insegura, ahora, simplemente, se sentía libre.

Pero por supuesto que este cambio no fue sólo por una película. Fue la terapia, fue su propio desarrollo, fueron las experiencias nuevas, en fin, muchos factores; sin embargo, lo que sí estoy segura, es que para ella fue un poco el “soundtrack” que la acompañó a sentirse más libre, y la trama que le impactó lo suficiente para dares cuenta cómo puedes recuperar la confianza en ti misma.

La mente es muy poderosa. La música y el estímulo correcto, en el momento correcto, también lo son. No dejen de prestar atención a esos momentos y gestos que pueden ser, en muchos sentidos, trascendentales en la vida de un niño. Yo, por lo pronto, no quiero olvidarlo nunca, no quiero olvidar este sentimiento de emoción, de orgullo y de infinito amor que tengo por mi hija. No dejaré de admirar lo brillante de su mente, y lo mágico de su espíritu… como en los cuentos… por siempre jamás.