Ayer fue mi último día en Coca-Cola.

Dejar una compañía que amo tanto fue una decisión que extrañó a muchas personas, incluyéndome a mí. Y es que en verdad, adoro Coca-Cola, porque me permitió aprender muchísimas cosas, desarrollar una carrera existosa, crear, proponer, aprender a manejar mi estrés, enfrentarme a crisis, inspirarme a trabajar para obtener nuevas y mejores habilidades, conocer gente extrarodinaria entre la que hoy cuento amig@s que formarán parte de mi vida para siempre… entoces… ¿por qué irse?

Bueno, la razón puede ser simple, pero es poderosa, al menos para mí: un reto nuevo que acelere lo que puedo aprender. Imagino que muchos de ustedes han pasado por situaciones similares, entre las que deben decidir entre seguir en aquello que conoces y amas, pero en donde estás atravesando por una fase en la que sientes que estás en pausa. O bien, ver frente a ti una oportunidad de aprender en algo que desconoces, que representa un riesgo, pero que en cualquier caso, te obligará a salir de lo cotidiano y a cambiar la velocidad para aprender temas que son completamente ajenos, con personas que no te conocen y en donde probablemente te sentirás como “la nueva de la clase”, con todo lo que eso implica. Pues yo, para bien o para mal, elegí arriesgarme.

Debo confesar que en mis entrañas está la duda, pero en mi mente está la certeza y la convicción de que no soy una mujer pasiva y estoy entusiasmada con las infinitas posibilidades que existen frente a mí. ¿Cómo va a salir todo? No tengo idea. Pero eso realmente no importa tanto, voy con toda la actitud positiva de una nueva revolución personal.

Gracias Coca-Cola. Gracias por las opiniones polarizadas que generas y en las que siempre entré a discutir apasionada. Gracias por tener confianza en mí y dejarme proponer y ejecutar cientos de ideas. Gracias a todos los que vivieron esta etapa conmigo… son fundamentales para mí.

Coca-Cola, siempre te llevaré en la piel.