No sé por qué, pero recientemente he estado recordando un poema que para mí significó mucho. Cuando estaba en quinto de primaria, encontré entre los libros viejos de mi padre, un pequeño y delgado tomo con poemas de Alfonsina Storni. La verdad no recuerdo qué fue lo que llamó mi atención, pero sí sé que fue uno de los primeros libros que leí con ahínco, regresando una y otra vez las páginas para tratar de entender qué había detrás de esas palabras, en especial de aquellas que no entendía. Y ese análisis no me llevó poco tiempo, sin embargo, fue muy importante para mí, porque me hizo sentirme poderosa. Me hizo cuestionar el mundo que conocía a mi alrededor y, en especial, a pensar críticamente en el rol de la mujer que hasta entonces yo conocía. Y no es que a los 11 años tuviera todo resuelto, por supuesto que no, seguramente mi mente imaginaba e interpretaba de manera muy acotada, pero sin duda me invitó a definir parte de mis gustos, mis convicciones, y me dio una causa que para mí valía la pena defender… aunque fuera un tanto malentendida. Sólo basta imaginarme vestida con pantalón, botas mineras y una playera gigantesca para ir a mi graduación de primaria porque no iba a ser parte de “las convenciones sociales que dicen que las mujeres tienen que usar vestido… ¡y mucho menos rosa!”. Recuerdo a mi pobre madre preocupada y con cara de confusión porque iba a ser la única niña con pantalón y botas, ¡ah, mi querida madre!

Y por supuesto que el feminismo, en cualquiera de sus vertientes, era mucho más que mis interpretaciones infantiles e inocentes, pero hoy lo recuerdo y agradezco lo que me enseñó. Les comparto “Tú me quieres blanca”, un poema que marcó mi vida:

TU ME QUIERES BLANCA

Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada

Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡Me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.