Ya sé, ya sé, llegué tarde a la conversación de este libro populachero, ¿y qué? Les debo confesar que no me siento precisamente orgullosa de haberlo leído porque es casi como si les contara que leí un libro de Carlos Cuauhtémoc Sánchez o una novela de Corín Tellado. Pero qué le voy a hacer, ya lo leí, completito y en muy poquito tiempo.

La verdad es que no tenía la inteción de leerlo, pero luego de escuchar a una importante legión de féminas recomendándolo con particular ahínco, me dije: “no, Lizette, tú no te puedes quedar con la duda de por qué todas las mujeres que te cuentan que lo han leído, lo dicen con sus ojitos brillando, casi en blanco, y con alguna expresión enfática como: ¡wow, es que tienes que leerlo, es taaan descriptivo!”… y ahí fui.

Al principio era, justamente, como una novela de la Tellado publicada en Vanidades contando cómo el hombre rico, guapo, poderoso y perfecto se engancha con la tímida, inteligente e inocente universitaria que está despertando a la vida. ¡Ba!, pensé, las telenovelas de Televisa están más entretenidas que esto. Pero seguí leyendo. Luego, así, de repente, las letras empezaron a subir de tono, puro porno soft y mis mejillitas se iban sonrojando y mi imaginación de la generación Muppet Baby empezó a hacer su trabajo… so… Erick got lucky!!!

Digamos que es un libro práctico. Así que, queridas amigas, sí, sí se los recomiendo si tienen una imaginación voladora porque, al menos para mí, terminó siendo un placer nada culpable.