Siempre me ha molestado cuando me dicen: “qué bueno que tu marido te ayuda”, ¿ayuda? Si cuidar a los hijos es una responsabilidad mutua, no es sólo un rol de la mujer; en todo caso, nos ayudamos mutuamente. Muchas amigas se quejan de lo poco participativos que son los hombres en la crianza de los pequeños, y ciertamente hay papás que parece que no asimilan que lo son, pero no todos los casos son así, también hay algunos en los que las mujeres tenemos mucho que ver.

Recuerdo que hace algunos años fuimos a visitar a unos amigos que acababan de tener a su primer bebé. Ambos estaban felices, pero sumamente estresados, como suele suceder cuando eres primerizo y todo te da miedo. Sin embargo, el estrés se manifestaba de maneras muy distintas en los dos: ella, literalmente, “acaparaba” al recién nacido, no dejaba de cargarlo, revisaba su pañal cada 15 minutos y, reiteradamente, le gritaba al pobre marido: “¡cierra la ventana!, te lo dije desde hace rato”; “no lo cargues así, siempre se te olvida cuidarle el cuello y un día lo vas a lastimar”; “no, mejor pásame el pañal, yo lo cambio porque a ti te queda todo chueco”… y así seguían. ¿Cómo iba a ser participativo este pobre hombre si no lo dejaban? Por supuesto él terminó por sentirse poco capaz y por ser sólo un espectador y proveedor. ¿Les parece que esta mamá podría quejarse de la poca participación de su pareja?

¿Por qué nos volvemos tan territoriales? Incluso, algunas de mis amigas, con todo y lo “feministas”, inteligentes y fuertes que pudieran ser, a veces caen en estos roles supuestamente pre-establecidos que, aunque nadie les dice que tiene que ser así, de pronto, sin darse cuenta, empiezan a adoptar esos patrones: son las que deciden qué tipo de pañales comprar, cómo educar al bebé, cómo se debe cargar. Deciden todo, pero, ¿es eso realmente lo que quieren?, ¿no preferirían algo más de pa-re-ja?

Por otro lado, también están los papás “pachorrones” que hacen lo que sea por zafarse cualquier actividad que tenga que ver con cuidar a sus hijos: “no amor, el niño quiere estar contigo, ¿ves?, conmigo llora”; “yo hago lo que sea, menos cambiar los pañales, me da muchísimo asco”; “mejor vete tú a la fiesta con el niño, a mí me duele la cabeza y son más tus amigas”; “ese niño tiene mamitis, ándale, vete con tu madre si quieres”. ¡Puros pretextos!

Yo realmente creo que, si bien existe el amor único e inigualable de la madre, también así es el de los padres. Nada del instinto materno, a mí me consta que mi pareja tuvo instinto paterno desde que nos embarazamos e íbamos juntos, siempre, al psicoprofiláctico. Él se levantaba todas las noches conmigo para ver por qué lloraba Natalia, y distribuimos las actividades de manera equitativa. Es más, durante mucho tiempo, él ha sido quien ha pasado más tiempo con ella, la conoce perfectamente bien, es su papá en toda la extensión de la palabra.

Las decisiones deben ser en equipo, consensuadas, negociadas con el espíritu de tomar juntos las mejores alternativas para tener una familia feliz y unos hijos que entiendan que la equidad es un valor importante. Hay que romper clichés sociales de cómo debería ser una madre y cómo un padre, tenemos que dejar de ser control freaks de la casa. Ya no existe sólo el padre proveedor, serio y que convivía poco con sus hijos, y qué bueno que sea así.