Nunca pensé que una de las decisiones que más trabajo me costaría tomar sería la de la primaria a la que me gustaría que fuera mi hija. Pasé meses pensándolo, revisé decenas de páginas web, fui a entrevistas, pedí referencias. En fin, realmente lo tomé como si fuera un nuevo proyecto de mi trabajo o de la maestría. Y es que no es algo intrascendente: el tipo de escuela que eliges para tus hijos tendrá un impacto fundamental en el adulto que será mañana. No es decisivo, lo sé, pero sí tiene un peso importante.
Yo tenía mi lista de requisitos muy clara (como seguramente muchas de ustedes la tienen): que fuera una escuela que contribuyera a formar seres humanos seguros de sí mismos, felices, con pensamiento crítico, laica y con opciones de talleres o actividades especiales después de clase (cuando trabajas difícilmente tienes opción de ir por tus hijos a las 2 de la tarde). Realmente creo que la educación en casa y en la escuela deben ser complementarias, así que es importante sentirse cómoda con la manera en la que estarán educando a tus hijos.
Y pues, mi lista realmente no estaba tan completa. No había considerado si prefería una escuela con o sin uniforme; si prefería una educación abierta o constructivista o Montessori; si quería una que hiciera exámenes y tuviera cuadros de honor o una que se enfocara en las diferencias de desarrollo de cada alumno; ¿quería un ambiente de competencia o de colaboración?… ¡¡aaahhh!!, ¡me sentía abrumada!
Cuando me di cuenta que me estaba volviendo demasiado obsesiva con el tema, di dos pasitos atrás y decidí tomar un poco de distancia para pensarlo mejor. Si bien es bueno estar informada, también lo es seguir tus corazonadas y hacer la mejor combinación de estas dos grandes fortalezas que tenemos las mujeres.
Para tu lado racional, considera dos aspectos fundamentales: el tipo de educación que quieres y las características de tu hijo (si es disperso y le cuesta trabajo poner atención, lo mejor será una escuela más estructurada y si, por el contrario, es muy organizado y atento, quizá sea buen complemento una educación más abierta y libre). Cuando vayas a visitar la escuela, pregunta, pregunta y pregunta. Lleva incluso tu lista para no olvidar nada importante. Siéntete reportera e investiga hasta que te sientas tranquila de saber todo lo que necesitas.
Y, por supuesto, para tu lado emocional, considera la sensación que te da la escuela cuando vayas a visitarla, cómo es la atención, qué tan contentos están los niños, cómo se expresan en general y cómo interactúan con sus profesores. Todo esto te ayudará a considerar si te sentirías cómoda con tu hijo en el mismo contexto. Y, por supuesto, no olvides llevarlo a las opciones que más te hayan gustado; su opinión es muy importante también.
No hay una escuela perfecta, pero sí habrá siempre una con la que tú te sientas satisfecha y tu pequeño aprenda y sea feliz.