Curiosidad y entusiasmo de iniciar una actividad nueva con mi @twerick, fueron los dos factores que me llevaron a decirle sí a este programa, 54D, que me ha tenido a dieta de carne y verduras por 10 días… he estado a punto de insultar cristianos, pasé una tarde en la que me transformé en la prima de la Reina Malvada, tuve alucinaciones imaginando una rosca brioche volando de Mérida hacia mi boquita con toda parsimonia… y aun así, ¡aquí estoy! De pie como un roble, aunque madreada como costal de box.

El famoso “día 0” en el que llegué a escuchar la introducción del curso, la verdad, me pareció muy exagerado. Ya saben, yo suelo dudar de todo (así nací pues, qué le vamos a hacer), y como buena incrédula, pensé que estaba en una especie de rito de bienvenida del tipo de las iglesias brasileiras tan populares hoy en día. Aunque debo reconocer que el presentador tenía tal energía y pasión por lo que hace, que me dije: “bueno, pues tanta seguridad debe venir de algún lado, así que a darle”.

Después, fue un golpe a mi corazón saber que mis panes no iban a ser opción, ni tampoco el arroz, o el queso, que eran tan parte de mi vida cotidiana. Respiré profuuuundo, y luego recordé la malsana cantidad de dinero que pagué por 54 días y, muy disciplinada, ya logré pasar invicta mis primeros 10 días. Sumado a este tema alimentario, por supuesto, el complemento principal son las sesiones de ejercicio con los coaches: “Bienvenidos. Les aviso que aquí no vienen para consentirlos, así que, o le echan ganas, o se van. Punto. ¡Échenle, carajo!”. Y con tan bonitas y motivadoras palabras… pues le eché ganas con todo y mis músculos de espárrago cocido.

A 10 días, les puedo decir que voy sobreviviendo. Y sí, también he bajado un poco de peso, y día a día con un poquito más de fuerza. Ya hasta cariño le tengo a mi coach gritón (ups, ¿síndrome de Estocolmo?). Pero ya les estaré contando.